Siempre me dijeron eso.
Profesores, familiares, gente mayor… todos repetían lo mismo:
“Aprende inglés, te va a abrir puertas.”
Durante mucho tiempo no entendí realmente a qué se referían.
Hoy sí.
Y creo que recién ahora consigo dimensionar cuánto cambió mi vida haber aprendido el idioma.
trabajar en distintos países,
trabajar en hotelería y turismo,
moverme con más facilidad,
conectar con personas de muchos lugares,
participar en proyectos internacionales,
viajar,
consumir música, arte y contenido de todo el mundo,
construir relaciones enteramente en otro idioma,
e incluso aprender otros idiomas más rápido.
Y muchas veces no eran trabajos “perfectos” o enormes oportunidades corporativas. Eran trabajos normales, reales, concretos. De esos que te ayudan a sostenerte, adaptarte y seguir avanzando.
Por eso me cuesta ver el inglés solamente como gramática o ejercicios.
Para mí, aprender un idioma tiene mucho más sentido cuando entiendes cómo puede ayudarte en la vida real.
Cuando era más joven entré a un colegio americano y, de un momento a otro, todo empezó a ser en inglés. Las clases, las conversaciones, los trabajos, los libros… todo.
Al principio fue difícil. Pero con el tiempo entendí algo importante: uno aprende idiomas cuando empieza a vivirlos.
Años después me mudé a Estados Unidos y terminé de perfeccionarlo ahí.
Y más adelante terminé viviendo en Brasil.
Lo curioso es que cuando llegué a Brasil no hablaba portugués fluidamente. Y aun así conseguí trabajo.
¿Por qué?
Porque sabía inglés.
Literalmente, una de las pocas habilidades que tenía en ese momento era el idioma. Podía trabajar enseñando inglés o español, pero las oportunidades enseñando inglés eran mucho mejores.
Ahí entendí algo que después se volvió central para Colectiva:
El inglés no es solamente una materia.
Es una herramienta real.
Y creo que en Bolivia muchas veces crecemos con una idea muy limitada de nosotros mismos.
Como si el boliviano estuviera destinado solamente a quedarse dentro de sus propias fronteras. Como si el mundo internacional fuera algo lejano, ajeno o reservado para otras personas.
A mí el inglés me ayudó justamente a romper con esa idea.
Me permitió moverme entre países, trabajar con personas de distintas culturas, viajar, adaptarme y entender que también podemos ocupar espacios internacionales.
Y honestamente creo que muchas personas en Bolivia tienen muchísimo potencial, pero pocas veces tienen acceso a herramientas que realmente las conecten con oportunidades globales.
Por eso para mí el inglés nunca fue solamente un idioma.
Fue acceso.
Además de enseñar, estudié Filosofía y Comunicación. También trabajo con música, arte y proyectos culturales. Hablo español, inglés, portugués y francés, y gran parte de mi vida cotidiana ocurre entre idiomas distintos.
Todo eso terminó influyendo en mis clases.
Por eso me interesa mucho más que una persona:
pierda el miedo,
aprenda a comunicarse,
gane confianza,
y empiece a incorporar el idioma naturalmente,
antes que memorizar reglas desde el primer día.
La gramática importa, claro. Pero creo que aprender a entender, escuchar y expresarse es lo que realmente hace que alguien empiece a sentir el idioma como suyo.